Posted on / by Marta Bonilla / in Sin categoría

Álvaro Trigo

Somos Esenciales nació con un claro objetivo: dar visibilidad a historias que merecían ser contadas. La historia de Álvaro Trigo no solo merecía su visibilidad y su reconocimiento sino que debía ser escuchada. 

No es tarea sencilla escribir su vida por el respecto a la par que delicadeza que conlleva. Con todo, para entender qué sucedió debemos remontarnos a dos años atrás en el calendario. Exactamente al 2 de febrero, cuando la casa familiar comenzó a arder tras un infortunio.

La brasas de la chimenea que ese día el propio Álvaro encendió para contrarrestar el frío del invierno, se desprendieron, y en cuestión de segundos, el salón quedó sumido en llamas. Álvaro era el único que se encontraba en esos momentos en su interior. Logró salvar su vida pero no consiguió salir ileso: se quemó el 63 por ciento de su cuerpo, dejándole graves quemaduras de segundo y tercer grado. La ambulancia, el traslado en helicóptero al hospital. Nada de esto presenciaron sus ojos, pues hasta 10 días después no despertó de un coma del que muy pocos creyeron que lo haría. 

“Mis padres fueron quienes peor lo vivieron. Seis meses antes, mi hermana falleció en un accidente de coche, y lo primero que los médicos les dijeron es que el 80 por ciento de personas en mi estado no salía adelante”.

Al año del accidente Álvaro corrió la maratón de Sevilla junto a su padre

Sin embargó, él lo hizo y contra todo pronóstico. Al año del accidente Álvaro corrió la maratón de Sevilla junto a su padre, a lo que dos meses y diez días después le siguió el Ironman de Marbella. Dos hitos que, si le hubieran contado durante los cuatro meses que permaneció en una habitación aislada -y evitar así cualquier infección en la piel-, ni él mismo hubiera creído. 

“Me negué a pensar que mi destino sería acabar convirtiéndome un Álvaro abatido, sino al contrario. El accidente me ha dado una vida mucho mejor de la que tenía: darme el regalo de valorar la familia que tengo; valorar la vida; incluso poder valorar lo que es dar un paso. Privilegios que tenemos y que a veces tan poco apreciamos”.

Desde entonces, su misión es ayudar a otras personas compartiendo su historia, y una importante lección de vida: ‘No todo está perdido cuando se piensa que todo está perdido’.

“Las cosas que nos ocurren en la vida no nos condenan. Tenemos una libertad y es el poder elegir si afrontar cada golpe o por el contrario quedarnos estancados, deprimirnos o por el contrario levantarnos. Esto es lo que va a condicionar nuestra vida, no lo que nos haya pasado”

En su caso, no cabe duda. Álvaro decidió aferrarse a las circunstancias, y saber aceptarlas. Nos cuenta que no fue gracias a sí mismo, sino que toda su fortaleza se la debe a una persona a quien le dedicó las líneas más bonitas a la par que sinceras, su hermana. 

“Voy a vivir por ti, por los años que te quedaban, voy a disfrutar el doble, por ti y por mi, voy a querer el doble, voy a sonreír el doble, voy a ser el doble de fuerte porque tú me das la fuerza. Eres mi hermana, y todos los viajes y proyectos que te quedaban en la lista, voy, -mejor dicho- vamos a cumplirlos y a disfrutarlos el doble. En definitiva, mariquita, voy a vivir el doble, en tu honor a partir de ahora pisando en tu nombre allá donde vaya. Vivir tan intensamente como a ti te gustaría, tanto que la misma muerte va a temblar al recibirme, justo antes de volver a abrazarte”. 

ÁLVARO TRIGO PUIG