Posted on / by Marta Bonilla / in Sin categoría

Alejandro Marín

La gran historia del joven atleta valenciano que se fabricó su propia prótesis.

Hay personas tan grandes que es difícil poner su historia sobre el papel. Es el caso de Alejandro Marín. Durante días se han realizado diversos borradores que, desde la humildad, el respeto y la admiración máxima pusieran voz a su vida. No obstante, todos los escritos, desde el primero al último, acabaron siendo fulminados con la tecla de ‘eliminar documento’ para volver a comenzar uno que fielmente reflejase la grandeza de su historia. Ningún relato, aun cuando estaban tratados con una enorme dosis de amor y mimo, hacían plena justicia a su persona. 

Hay una frase que refleja y explica el motivo, y es la siguiente: “No esperes entender mi viaje si no has recorrido mi camino”. Y así ha sido. Ha resultado tarea imposible comprender y plasmar al cien por ciento su historia, dado que no hemos llevado puestos sus zapatos. Los mismos que nos habrían permitido poder contemplar la vida desde su misma altura. 

Alejandro Marín perdió una pierna con 14 años a raíz de un accidente de tráfico. Con todo, a día de hoy, como bien explica y plasma “poco queda de aquel niño que vio cómo el rumbo de su vida se extraviaba”.

Alejandro es una persona con un superávit de felicidad. Un chaval que a sus 26 años derrocha una personalidad arrolladora, única, “un fuera de serie” para quienes se han hecho eco de su historia. La personificación de la frase “yo me lo guiso, yo me lo como”. Pues si algo es Alejandro es el resultado de todo lo que él mismo se ha labrado.  

Mis padres no pudieron costearme una prótesis, así que me la fabriqué yo. Es increíble hasta dónde puede llegar la capacidad del ser humano impulsado por la necesidad”. 

Como bien leéis. Alejandro es ingeniero, especializado en prototipado, y hacedor de la pierna que aquel 29 de junio de 2007 la vida le arrebató. Y no de una sino de hasta tres: tres prótesis que él mismo ha patentado.

 Si a estas alturas su historia fascina, agarraos fuerte que viene curvas. Alejandro no solo es el resultado de su ingenio a la par que de su determinación sino también de los ‘noes’ que ha tenido que soportar desde los 14 años.  

Durante el colegio fui insultado y marginado pero, sin duda, lo más duro contra lo que he tenido que luchar eran los malditos ‘no puedes’ que me imponía la sociedad’.

Más de una década ha pasado desde entonces, y a día de hoy nos encontramos con una persona que ha convertido el ‘no’ por el ‘sí puedo’. Desde la humildad de quien no pretende ser muestra de nada Alejandro es la ejemplificación de que «la única discapacidad es una mala actitud”. Alejandro compagina diariamente su trabajo como ingeniero con entrenamientos de alto nivel y máxima exigencia para conseguir su sueño: alzarse como el primer atleta en disputar unos juegos de verano e invierno.

Además de practicar la calistenia, la escalada, BMX, disfrutar del skate, Alejandro es integrante del equipo de atletismo y snowboard adaptado. Con ambos se ejercita con la vista puesta en Tokio 2020. 

“El deporte ha sido la excusa que ha tenido el destino para darme a conocer, pero lo que de verdad pienso hacer, es aprovechar todo el impulso mediático para hacer comprender que una dificultad añadida en la vida no es una discapacidad, que todas las vidas en algún momento u otro tienen que pasar por un gran desafío. Por desgracia esta sociedad nos prepara para una vida perfecta e idílica, y siento romperte tus ilusiones, pero eso no existe”. 

Habla con una determinación admirable, sin filtros, sin complejos. Una persona que cuando tratas de indagar acerca de su pasado, y quieres hacerlo con la mayor delicadeza y respeto, él te anima a que preguntes sin miedo. Porque así es él, valiente, natural, trasparente. Una persona que presenta una actitud hacia la vida admirable a la par que conmemorable.

“Vida solamente hay una, y es una vida preciosa y maravillosa y nadie la va a vivir por ti. Perder un día, un mes o años por no saber enfrentarse a esta nueva circunstancia, sí que me parece triste.  Yo soy una persona completamente normal, y ni de lejos he superado una amputación, en el sentido estricto de la palabra… Vamos, a día de hoy, no me ha vuelto a crecer la pierna. He aprendido a enfrentarme y a convivir con esta dificultad añadida que la vida me impuso tras aquel accidente de tráfico. 

Nada más, ni soy un héroe ni algo que tú no puedas llegar a ser”. 

Alejandro Marín

Alejandro tiene un sueño: ser el primer atleta en disputar unos juegos paralímpicos de invierno y de verano. Con todo, hay una barrera que todavía tiene que traspasar para alcanzar su meta y es la económica. Por ello, hagamos la mayor difusión y que esta persona consiga el patrocinador que merece.

¿Te sumas a difundir su historia?